Hispanofobia

09.10.2019

Se acerca el 12 de octubre, Día de la Hispanidad. Antes de colgar cartelitos tan simpáticos y tan progres como el de arriba, queridos niños, recordad que nosotros (los habitantes de este innombrable país llamado España) somos una mezcla de fenicios, griegos, íberos, celtas, romanos, godos, árabes, etc. Muchos de ellos conquistaron estas tierras a sangre y fuego. Recordad también, criaturitas, cómo se expandió el imperio español por Centro y Suramérica, cómo hicieron lo propio los anglosajones por el norte o cómo están las poblaciones indígenas en ambas partes hoy en día. Ya sé que mal de muchos, consuelo de tontos, pero es que hay cosas que no se pueden juzgar sino por comparación. El año pasado por estas fechas veíamos cómo en distintas ciudades de Estados Unidos retiraban con oprobio varias estatuas de Cristóbal Colón acusado de genocida y leviatán de las maldades de ese engendro del averno llamado España. Ojo: en Estados Unidos, donde los anglosajones sí que conquistaron un vastísimo territorio masacrando a los indios, expulsándolos de sus tierras y confinándolos en reservas. ¿Os habéis preguntado alguna vez, amados infantes, por qué solo en América Central y del Sur un tanto por ciento muy elevado de la población tiene rasgos físicos endémicos? Pues porque en los países hispanoamericanos los españoles y los indios se mezclaron en nuevas razas mestizas que son las que hoy regentan los destinos de sus respectivos estados mientras que en América del Norte los colonos ingleses, mucho más cortos de miras, se dedicaron a expulsar a los distintos pueblos indígenas a base de hierro y pólvora para quedarse con sus territorios. Ya ni hablamos de una mezcla de sangre. Eso era impensable.

Un imperio, como en su día fue el romano, se hace primero conquistando y luego asimilando, mezclando razas, otorgando derechos, cultura, ciudades, infraestructuras, escuelas, universidades, cartas de ciudadanía... Eso fue lo que hizo el imperio español. ¿Hubo crímenes y atrocidades? Por supuesto, como en la forja de cualquier imperio, pero ¿quién en su sano juicio acusaría a los romanos de genocidio y renegaría de su legado? ¿Estaríamos dispuestos a rechazar toda la herencia que nos dejaron, empezando por la casi totalidad de las lenguas de la Península Ibérica?

Así que, estimados párvulos, antes de repetir el eslogan de turno, paraos a reflexionar quince o veinte segundos. Os aseguro que si dejáis de repudiar todo aquello que huela a España no os vais a convertir en fascistas como por arte de birlibirloque. El franquismo se apropió mezquinamente de los grandes símbolos españoles: el Cid, los Reyes Católicos, la conquista de América, etc. y nosotros no hemos podido o no hemos querido recuperarlos. Ya no como esa exaltación de lo patrio y de la enseña rojigualda sino como parte de nuestra historia, nuestra cultura y nuestro ser. Renegar de ello es de imbéciles.

Dicho esto, como se despedían los romanos de bien en sus cartas, queridos, niños, os digo vale.

Share
Una Leslie - Una mirada nada autorizada
Todos los derechos reservados 2018
Creado con Webnode Cookies
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar